Cultura y Entretenimiento

La Deconstrucción Del Concepto De La Femme Fatale En María Del Carmen De Alejandro Santoyo

15Views

Guadalupe Lezama Limias

Ciudad de México 01 Octubre (MENSAJE POLÍTICO/CÍRCULO DIGITAL).-María del Carmen Mondragón forma parte del canón de las mujeres fatales del siglo XX, también denominada con el anglicismo flapper, el cual, al igual que el término femme fatale es parte de una construcción social que el patriarcado ha asociado con la mujer libre.

Desde la antigüedad hasta nuestros días, la mujer libre ha sido señalada como la causante de todos los males de la sociedad, con la simple mención de Eva el punto queda probado.

Con la Revolución Industrial y la salida de las mujeres del hogar para incorporarse a la fuerza de trabajo, se empieza a gestar un nuevo pensamiento sobre cómo debe ser lo femenino.

Así surgen personajes literarios como Madame Bovary, que sueña con la grandeza, y toma el matrimonio como una forma de subir en la escala social, el problema es que se convierte en la esposa del doctor rural mediocre y sus deseos se ven frustrados. Al no reconocerse en un rol dentro de un mundo cambiante, cae en deudas por vestidos, cortinas, adornos de casa y con un amante que la deja igual de frustrada. Aunado a esto, la literatura romántica que consume no le ayuda a superar con gracia sus cuitas y prefiere la muerte por suicidio.

Anna Karenina, que en su título lleva la conciencia de lo que es ser mujer de finales de siglo XIX, al verse despojada de su apellido, Anna es esposa de Karenin, la traducción del ruso es Ana la de Karenin. La mujer es propiedad del hombre, Anna tampoco se siente a gusto con esta situación y opta por el adulterio. Al igual que Emma Bovary, Anna, es una hermosa mujer que destaca por su belleza y cierta chispa intelectual en medio de una sociedad que constantemente la está juzgando, ambas esperan algo más de la vida que ser esposas, sin embargo, la sociedad patriarcal existente no les ofrece otra salida más que el adulterio y conformarse con vestidos bonitos que no pueden pagar. El castigo para la primera es el arsénico y para la segunda es terminar destrozada por el tren.

María del Carmen Mondragón tiene una estabilidad económica privilegiada, pertenece a la clase en el poder: “El servicio de la mesa es de lo mejor: plata, cristal, vajilla de porcelana, manteles bordados a mano” (p.7). Es educada por su padre, hay pensamiento masculino en ella, se niega al matrimonio y así se lo hace saber a su madre, quien no se encuentra, por lo menos en el relato de Santoyo, tan inmiscuida en la educación moral de la hija como el padre:

“Mondragón le explica a Carmen que el estupendo espectáculo natural es un fenómeno óptico y meteorológico […] – No es la mano de Dios lo que provoca el fenómeno multicolor […]

-¿Por qué mamá dice que Dios crea el arcoiris?

-Bueno, tu madre es así” (p.6-7).

Gracias a la educación del padre, Carmen tiene discernimiento, lo que la lleva a negar el matrimonio como una opción viable para ella:

“-¡Te lo suplico, mamá, te lo suplico! Tengo diez años, mamá, ya no soy una niña tonta […]

-Ve lo que has logrado, Manuel… educar a los hijos en un país con costumbres que se apartan de la fe cristiana… de forma de pensar moderna. Te he dicho que frente a los niños no afirmes que la ciencia sustituye los hechos que son atribuibles a Dios”

(p.19).

Así, somos testigos en esta novela histórica de la pequeña Carmen, la narración es aderezada por un viaje a las calles del pasado en una nostalgia bucólica de los acontecimientos históricos que colocaron ciertos monumentos en una ciudad naciente que podemos perfectamente identificar. El autor es minucioso en los detalles y tenemos un texto entretejido de verosimilitud, veracidad e imágenes metafóricas, que hacen aún más disfrutable la narración para el lector, y por pudor, no menciono las bien escritas escenas eróticas a lo largo de toda la novela que también festejan la diversidad sexual.
De vuelta en el análisis de la femme fatale, es una mujer que enloquece a los hombres, su ímpetu sexual hace que ninguno se le niegue, en el caso de María del Carmen, hasta eso le es negado al tener un matrimonio donde no hay atracción sexual:
“El ni siquiera la volteó a ver. Siguió caminando, anduvieron, anduvieron…Manuel sentía una eternidad la que transcurría para llegar a la casa. Se sentía trotar como un caballo cansado, por vías rectas, por calles oblicuas, por callejones tortuosos, penetrando en el dédalo de la ciudad crepuscular, que entonces se constelaba de luces como un inmenso navío anclado en el fondeadero nocturno […] Con los labios ávidos y ardientes, Carmen lo besó en el cuello desnudo; él lanzó un ligerísimo “no…” (p.53-54).

Y sin embargo, Carmen es tratada por el imaginario popular como una mujer que fue esposa de alguien, con delirios sexuales y una descontrolada inmoralidad, incluso es leyenda urbana que al final de su vida, enloquecida, vendía sus fotos desnuda por Eje Central.

En las clases bajas están Naná y Santa como ejemplo de femme fatale, las prostitutas que abandonan a sus hijos o abortan por buscar el sostén económico y que tienen un levísimo triunfo social y económico en los mundos en que se desenvuelven, sin embargo la libertad sexual de vender su cuerpo, de vivir de la pasión que desatan en los hombres y gozar de los vicios que ofrece la sociedad también es terriblemente castigada. Una con la cara y el cuerpo infectado de viruelas, una enfermedad que se burla y termina con su belleza, y la otra, muerta de un cáncer de útero, como un castigo por abortar.
No en balde entre los tantos mitos que desmiente Santoyo en su novela, Carmen mató a un supuesto hijo:
“No Manuel, no te dirijo ningún reproche. Hoy tienes el derecho a creerme una ligera. Ahora no es necesario que inventes que he matado a un hijo que nunca existió” (p. 88).

Así es como se delinea la mujer fatal de finales del XIX y que alcanza a las mujeres del XX:

-Una mujer que no quiere ser sólo esposa, mas es la única forma que tiene de escalar y subsistir socialmente., en el caso de María del Carmen, es el primer esposo el que escala y subsiste a partir del matrimonio con Carmen. Una mujer que busca una pareja donde la excitación y la comunicación sexual sean vigorosas, Carmen logra tener una relación sexualmente satisfactoria, pero es el varón quien rompe los acuerdos de fidelidad, y no ella.

-Una mujer que tiene sus propias ideas y tiene cierta ambición de no pertenencia a la vida común, ella era artista con un gran talento pero en una época donde tuvo que navegar entre un mundo artístico e intelectual predominantemente masculino.

-Una mujer que está dispuesta a caer en los vicios y disfrutarlos. En ninguna parte del texto de Santoyo se señala algo así.

-Una mujer que puede generar su propia riqueza, María del Carmen, es una mujer con riqueza propia, la casa familiar es su última morada y su trabajo como maestra de Bellas Artes le permite tener una economía.

-Una mujer que es más inteligente que los hombres y por eso los utiliza y los desecha. La inteligencia de María del Carmen se conoce desde su niñez, pero su inteligencia en lugar de ser un arma de ataque es un arma de defensa en un mundo liderado por el hombre.

El discurso naturalista enunció que la mujer tiene poco valor moral, eran lo contrario del progreso, al representar la barbarie (cito como ejemplo aquí a Doña Bárbara de Rómulo Gallegos publicada en 1929), es decir, su sexo y su insaciable deseo las acercaba más a las conductas animales que a las humanas, así que no eran sujetos de sociedad y por tanto inferiores a los hombres. Sin embargo, pese a todo esto, la educación empieza a tener sutiles cambios que a la vez que crean confusión, también crean una nueva identidad para las mujeres. En el mundo está surgiendo la Mujer Nueva y el movimiento sufragista, todo en una misma época.

Afortunadamente la literatura hoy en día nos da otras posibilidades y todavía está en auge la Novela Histórica Posmodernista, que nos da la oportunidad de hacer una revisión desde la actualidad de aquello que hoy nos parece inconcebible, por lo menos, en los círculos progresistas.

La poética en la obra de Alejandro Santoyo es la del autor deconstruido, no intenta perpetuar la poética Bukowskiana sin conciencia de género, que usa a la mujer como recipiente de la pasión y los vicios del hombre; y en esta ciudad, sobre todo, este tipo de autores se encuentran en cada estación del metro, invadiendo los vagones exclusivos. Alejandro Santoyo, por su parte, se preocupa por deconstruirse y ser un aliado del feminismo, que no un autor feminista; y usando las herramientas y características de la novela histórica: usa fuentes documentales fidedignas que se convierten en intertextos. Rechaza la historia oficial, esa que coloca a María del Carmen Mondragón como una mujer fatal bajo la sombra del Dr. Atl., no busca la verdad si no la verosimilitud, es decir ficcionaliza los hechos de vida de Carmen a partir de un conocimiento íntimo, narraciones privadas, testimoniales, desentronización de personajes históricos.

Ya leerán las apreciaciones que tiene Santoyo al respecto de la vida social de los artistas de la época donde se crea en pleno siglo XX, y pese a que se ha demostrado que la realidad de Carmen era más bien lejana a estos personajes literarios antes mencionados. Durante su vida se le vilipendió y castigó por su valiente libertad. La sociedad no perdona a las personas libres, no importa el siglo o el pretexto, hoy la llamarían “privilegiada”, por no usar el otro nombre en boga, pero me quedo y concluyo con lo que decía Chavela Vargas sobre la libertad: “Lo supe siempre. No hay nadie que aguante la libertad ajena; a nadie le gusta vivir con una persona libre. Si eres libre, ése es el precio que tienes que pagar: la soledad”.