• Futbolcidio en la cancha

• “Sufrimos un chingo”: APG

• Tuca llegó a seis títulos

 

CIUDAD DE MÉXICO, 10 de diciembre, (JESÚS YÁÑEZ / BALÓN CUADRADO / CÍRCULO DIGITAL).—Ante la ausencia de espectáculo, futbolcidio, la afición fue protagonista. Hecho insólito. Ejemplar el comportamiento de los seguidores del equipo Monterrey, anfitrión, que perdió este domingo la final –2-3 marcador global— del futbol mexicano con Tigres, archirrivales, que comparten la industriosa ciudad de Monterrey, Nuevo León, al norte del país.

Llanto en las gradas de seguidores de ambos cuadros. Alegría y frustración eslabonadas por el balón.

Frío el ambiente y frío el futbol, disputado a las 18:00 horas, casi a 10 grados de temperatura. Pero encendida la pasión de los hinchas locales y visitantes, pese a la decrepitud del juego.

Hubo contadas opciones claras de gol.  Jugadores robotizados por los esquemas tácticos. Poco queda a su talento, inspiración con el esférico a sus pies.

Efectismo futbolero de Ricardo Ferretti y Antonio Mohamed.

La final la hicieron los tifossi regiomontanos, no el espectáculo sobre el rectángulo verde.

La fanaticada regia reconoció, con aplausos, vítores y ondear de banderas, a los jugadores del cuadro adversario, tras el silbatazo final, que les otorgaba el título, el sexto de su historia.

El grito homofóbico

A lo largo del encuentro, digno de mencionar, no apareció el grito homofóbico –que comenzó hace 12 años dedicado al portero del Guadalajara Osvaldo Sánchez, por los seguidores del Atlas, donde militaba, pues se sentían traicionados– al momento que despeja el potero rival. Expresión colectiva  que se ha convertido en una mancha indeleble en el balompié nacional. Algunos justifican. Catarsis colectiva, llaman.

Curiosa forma de  fair play en la tribuna. Zona donde suele haber insultos y golpes; baño de agua de riñón. Hoy fue tersura. Al menos lo que se alcanzó a mirar desde la lejanía. Hasta el momento no se reporta incidente qué lamentar.

Que, curioso, no existe durante los partidos de la Selección Mexicana. Este grito discriminatorio ha costado 11 multas de la FIFA a la Federación Mexicana de  Futbol, por más de tres millones de pesos.

Es clara la labor de convencimiento de las directivas de ambos clubes para que sus porras eviten el polémico grito.

Algo que la Femexfut –y su presidente Decio de María Serrano–no ha logrado –o no ha querido– erradicar.

Al cerro de la silla

El momento álgido del encuentro fue al minuto 81, con el marcador 1-2 a favor del equipo felino. La tensión del ambiente se podría cortar con una navaja. El silbante marcó un polémico penal en favor de Tigres por una patada de André-Pierre Gignac sobre Jorge Benítez.

El Monterrey se lamía lo bigotes ante el virtual empate. Todos salivaban ante los tiempos extra y posibles penaltis. Así que recurrió a su goleador Avilés Hurtado. Sin embargo, el delantero colombiano no pudo controlar la presión desde los 11 pasos de la gloria o el infierno.

Decidido, atacó bien el balón. Nunca dudó.  Pateó como manda el librito de la técnica individual. Pero echó ligeramente atrás el cuerpo y eso bastó: voló el esférico al Cerro de la Silla.

Un estruendoso silencio invadió el estadio durante una fracción de segundo.

Hurtado hizo un amargo, fugaz, gesto, deseando desaparecer del terreno de juego. La moral de él y sus compañeros quedó sepultada por su yerro bajo el pasto. El resto del juego –casi 15 minutos, más el tiempo de compensación— fueron comparsas.

Tuca, como emperador romano

Sonó el silbatazo final y Tuca caminó majestuoso. Paso cadencioso, como emperador romano, en su zona técnica, para abrazar a los suyos. La sonrisa de satisfacción plena, contrastaba con los ojos enrojecidos. A punto del lloro.

Se convertía en el segundo técnico con más títulos: seis. Cuatro de ellos con el equipo universitario. Chivas y Pumas, los otros. Igualó al fallecido Raúl Cárdenas. Y quedó a sólo del récord que posee Ignacio Trelles Campos, con 101 años de vida.

Mientras Gignanc, hincado, beatífico, se persignó dos veces, alzando los brazos y la mirada colgada del cielo, en mitad de la cancha, en señal de agradecimiento.

“Sufrimos un chingo, como dicen los mexicanos”, afirmó el francés, en perfecto español, al tiempo que en su rostro dibujaba una gran sonrisa, que resumió, consciente o inconscientemente, el nimio nivel futbolístico.

“Pero corrimos con el corazón. Hoy hay un campeón: Tigres”, remató.

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@kalimanyez

FOTO: Tigres Oficial